Tan acostumbrada a perder
luchando, llegó a creer que ganar era algo que sólo puede conseguirse con la
espera o la inmediatez, como una inercia carente de esfuerzo o empeño que lo alcance.
Y se sentó a esperar.
No tardó en levantarse. Ganaría o
perdería otra vez, pero sería su hazaña siempre, ésta y cualquier otra vez. Una
nueva lucha que contarse mejor que un asiento de incertidumbre sobre qué sí y
qué no dejó de pasar aquella vez.

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