No me encontraba bien. Estaba en su consulta cuando el médico se levantó y me indicó que lo siguiera justo hasta un pasillo un poco más allá, cercano a la salida a la calle. Mira, me dijo, debes intentar hacer una fila de círculos aquí, a la izquierda y luego otra paralela e igual a la derecha. Me avisas cuando acabes.Inicié la fila de la izquierda con círculos que trazaba con los pies, porque así debía ser y al acabar el pasillo, ya cercano a la calle, anduve de nuevo al comienzo para empezar los círculos de la paralela fila. Nada más comenzar la fila a la derecha de la anterior me percaté de una evidencia inesperada: imposible copiar pues nada más situarme, una puerta deslizante seguía mis movimientos separándome del lado izquierdo del pasillo.
Transitaba haciendo mis círculos, uno tras otro a lo largo del pasillo cuando, cercano a la vecindad con la calle acerté a oír unos apresurados pasos de mujer que se acercaban con intención a mi juicio de entrar justo por donde yo me hallaba, como en un abordaje según sentí. Así que, como presionado, finalicé deprisa y corriendo, percatándome del funesto resultado de mi obra encomendada.
Al poco se acercó mi médico quien, tras observar detenidamente mis movimientos circulares de ambos lados de esa deslizante puerta, sentenció que por algún motivo me había claramente precipitado y mi nueva construcción no era fiel a mi capacidad. Me tomó de la mano con un ven conmigo. Me hizo subir unas escaleras y alcanzamos una habitación, bien alejada de la calle según pude fijarme, donde entramos. Aquí podrás hacer tu ejercicio con calma, sin perturbación alguna exterior. Tómate tu tiempo, no tengas prisa y luego me llamas. Verás que ahora sí.
Cerró la puerta suavemente tras salir y me dispuse a empezar de nuevo.
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