Ayer saltaba la noticia de la retirada de un crucifijo de una dependencia en el Hospital Clínico de Granada, ante la denuncia del Observatorio de Laicidad de Europa Laica.
A raíz de esto, y es triste tener que volver a recordarlo en pleno siglo XXI, es necesario insistir (y la denuncia es insistencia) en que las creencias son asuntos personales y el Estado Laico ni las reconoce oficialmente ni las atiende. Es asunto de cada conciencia. ¿Un crucifijo? Lo llevas tú. ¿Un cura? Te lo buscas. El Estado Laico no tiene religión oficial, no reconoce ni privilegia ninguna como propia.
A ver si es que el Estado, para los teocráticos recalcitrantes, va a tener que poner un puesto a la entrada de los hospitales con crucifijos, medias lunas, candelabros de siete brazos, estrellas de Israel, budas, biblias protestantes, impresos para solicitud de curas, imanes, monjes, rabinos... ¡joder! A ver si se enteran: la creencia religiosa es un asunto personal, no oficial para el Estado Laico.
El Estado Laico asegura la libertad de conciencia, incluyendo la religiosa, pero no reconoce, no subvenciona, ni financia ninguna confesión religiosa. Esta es la noción, como ley fundamental o de base, que emerge en la República Francesa a principios del siglo XX, como consideración de Estado Laico, cuestión que ya un siglo antes Jefferson, como presidente estadounidense, había marcado como la necesidad de existencia de un "muro" que separe completamente Estado y Religiones.
Ni el Estado Laico tiene religión alguna como propia u oficial, ni la religión es asunto que deba atender el Estado.

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