Originado en cada presente, poder sostenerse en algún ayer originante.
Crear cada día como un todo sin perder la vista de Okalakom, el Norte.

miércoles, 13 de abril de 2011

Ruinas y pájaros: A Alfred Hitchcock

Cansado de autovía, surqué las entrañas de la meseta por vías secundarias y hasta terciarias, sin prisa, con el goce de quien se abre a la aventura sin más destino que la propia aventura.

Pasado un tiempo, acerté a ver aproximarse a mi ruta una mancha oscura algo desperdigada a una orilla del camino. Ya en situación, me detuve para ver lo que resultó ser un cúmulo de piedras muy arañadas por las ventiscas de la zona, lo cual las databa como bien antiguas.

Siguiendo su rastro ascendente, arribé a una amasijo elevado de iguales piedras que pretendían hacerme recordar que allí, alguna vez, hubo quizá una muralla. A su izquierda se abría una especie de corredor ahora muy desnudo, pero que aún guardaba vestigios de algún que otro soportal, probablemente firme y hermoso antaño.

Culminaba el conjunto un resto sugerente de una desvencejada espadaña, que convocaba inmediatamente la presencia de una iglesia en el lugar, hoy ya inexistente.

Alcé a mirar a lo más alto que pude, y logré avistar un hermoso nido. Siguiendo un determinado perímetro, en cada punto elevado se localizaba un nuevo nido. Diversas, a mi parecer, cigüeñuelas entraban y salían del conjunto rústico en que me hallaba, como asegurándose de que sólo era un turista, claramente indeseado por sus chillidos, pero no más que un turista, un intruso de paso.

Saciada mi curiosidad, descendí de nuevo hacia mi coche, mirando de vez en cuando atrás, observando el vuelo y los nidos sobre las ruinas.

Pensé de pronto que había presenciado uno de los arcanos de la evolución, allí manifiesto: todas las especies estamos de paso, cual intrusos casuales mejor o peor adapatados, y sólo, y siempre, las aves dominan el planeta. Y recordé a Hitchcock y su suprema obra "Los Pájaros".