Originado en cada presente, poder sostenerse en algún ayer originante.
Crear cada día como un todo sin perder la vista de Okalakom, el Norte.

miércoles, 13 de abril de 2011

Religión y Ciencia

La religión propone, desde la asunción por creencia de una voluntad superior que nos trasciende y nos obliga sin demostrar siquiera su existencia, su explicación de la realidad como una verdad dogmática e inmutable donde al humano sólo le queda la asunción ciega y consecuente entrega incondicional. Porque el cuestionamiento de su inmutabilidad significaría el mismísimo cuestionamiento de la inmutabilidad de lo divino, convertir la voluntad de Dios en un logos refutable.

La ciencia, en cambio, desde su método científico deductivo o inductivo que enuncia evidencias solo en el ámbito observable, experimentable o cognoscible a partir de la experiencia o razón inmanentes, propone su explicación de la realidad como una aproximación (más o menos precisa, más o menos exacta) muy probablemente cierta a la comprensión de lo existente. Tal carácter epíteto de probable, por definición y consecuencia, caracteriza a cualquier explicación científica como un logos refutable. De hecho, el axioma que preside todo enunciado científico está siempre presente: si un hecho refuta a un enunciado explicativo, éste habrá de ser rechazado.

Religión y Ciencia son, por tanto, radicalmente (en raíz, en origen) contradictorias y no conciliables. El humano, que debe cuando menos explicar su realidad: su ser y el mundo que le rodea, siempre ha de elegir entre la propuesta creyente e inmutable o la propuesta de lo evidente y mutable para conocer y decidir en su realidad, su vida.

Y saber que, dada su muy distina raíz, preferir una propuesta es dejar de lado la otra: ciencia o religión. O logos inmanente y refutable, o logos trascendente e irrefutable.