No supe cómo decirlo,
ni tuve gesto qué disponer para contarlo.
Tampoco me ayudó el vértigo de la palabra no escrita,
no armada.
Hoy, creyéndome ya poseedor de todas esas claves,
hoy que la palabra se me antoja menos ajena, más acertada...
Hoy, mi amor, tú ya no estás para escucharme,
ni un mínimo eco de mí te alcanzaría.
Pero, ¿sabes?
Sospecho que mi tenue aliento enamorado,
susurro sin vocablo,
sí llegará a conseguir tu ansiada boca y, al fin,
en tus labios henchidos tiernamente besarte.
Sé, que entre tú y yo,
nunca será imposible ni tarde.
(Marzo de 2011)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada