¿Qué se puede esperar de un pueblo donde quien no se confiesa adepto de una religión, dice "creer a su manera", pero pocos se significan abiertamente ateos?¿Qué se puede esperar de un pueblo donde muchos de sus viajantes se dedican, como una norma obligada, a comparar lo foráneo con lo andaluz, al objeto de consagrar como inmejorable lo propio, una escena más de su letal ombliguismo?
¿Qué se puede esperar de un pueblo que se siente orgulloso de "su" sol y "sus" playas, como si fueran algo especialmente diseñado para distinguir a una supuestamente envidiable Andalucía, por una especie de designio o predeterminación de los dioses o la fortuna?
¿Qué se puede esperar de un pueblo que, dicho muy común, sitúa "el norte" despectivamente a partir de Despeñaperros, signo inequívoco de ese narcisismo que lo mantiene en atávica parálisis?
Yo, la verdad, estoy más cerca de los Blanco White, Machado o Cernuda. Vivo a quí por circunstancias, como podría haber vivido o ir a vivir a otro lugar, en otras circunstancias. Pero tras tantos años no me identifico con eso que llaman "el ser andaluz". Hoy, un año más, este no es mi día, no me dice ni me significa nada distinto a otro día corriente.
Un veintiocho de febrero más, felicidades para los que dicen sentir eso del orgullo de ser andaluces, natos o adoptivos.
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