Cuatro víctimas en dos meses, en el mismo distrito de la ciudad y todos con el mismo patrón (nocturnidad, nada de signos de pelea y muerte rápida por la acción de un punzón limpiamente clavado en pleno corazón), era una situación que había alertado en exceso a la población y se había convertido en asunto prioritario para la policía.
Próximo a su jubilación, debido a un pertinaz reumatismo empeñado en progresar, el detective Dawson había decidido seguir muy de cerca el caso. Aquella mañana, mientras tomaba un primer café, adormilado y a la tenue luz de una pequeña ventana en la cocina de su apartamento, había terminado de convencerse de que el asesino debía vivir no lejos del Distrito Norte, incluso en él muy probablemente, pues la secuencia de asesinatos trazaba un mapa que dejaba entrever una especie de ruta predeterminada, aunque no parecía posible todavía anticiparse a un próximo movimiento.
Dawson pasó el día estudiando cuidadosamente en un plano de esa zona de la ciudad, la sucesión de los crímenes, intentando poder prever, lo más delimitadamente posible, cuándo y dónde podía producirse un nuevo asesinato.
Anochecía, cuando Dawson localizó un punto en el plano que encajaba, a modo de una delación bastante precisa y según una muy particular disposición geométrica mental, con lo que podría ser el siguiente paso del asesino. De acuerdo con el aproximativo dónde, se interrogó por el cuándo. La aleatoriedad de las fechas previas no era de gran ayuda ciertamente. Tomó un calendario, tenía marcadas distintas posibles fechas, pero no lograba un hilo conductor. Avanzaba su confusión al mismo ritmo que lo hacía la noche.
De pronto, asomado a la calle de su piso alquilado en el mismo Distrito Norte, observando como se había impuesto una noche fría, cerrada y poco bulliciosa, en el epicentro de su confusión escuchó una voz interior muy clara, la típica de un sagaz detective, que le aclaraba justo el punto y momento del próximo movimiento criminal del asesino.
Ante tan precisa providencia no albergó dudas. Disipada la confusión previa, tomó decidido su abrigo y unos guantes, se acercó al cajón donde guardaba algunas herramientas caseras, y echó un punzón al bolsillo.
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