Originado en cada presente, poder sostenerse en algún ayer originante.
Crear cada día como un todo sin perder la vista de Okalakom, el Norte.

jueves, 6 de mayo de 2010

Las lentejas luego, te lo prometo

Como cada mediodía, habías llegado a casa, haciendo notar tu presencia mediante una ya ritual conjugación del ruido de las llaves con una cantarina salutación. Ningún eco, ninguna presencia, indicaban que quizás eras la primera en llegar ese día, algo nada habitual.

Tan pronto soltaste las llaves en la bandeja, a propósito dispuesta en el mueble de la entrada, te dirijiste a la cocina. Las lentejas, esas que con tanto esmero habías guisado la tarde anterior, se hallaban en la misma posición y sin el más mínimo atisbo de haber sido tocadas. Volviste tu mirada a la mesa del comedor... vacía. No, una nota pisada con un vaso te alertaba de su fugaz llegada y salida. Suelto los trastos de entrenar y me voy corriendo, quedé para repasar en la biblioteca con un amigo, cojo la moto, ya tomo un bocadillo... las lentejas luego te lo prometo. Un beso.

Las lentejas. ¿Cuándo dejaron de gustarle las lentejas? De pequeño no quería otra cosa, tanto que siempre que se las ponía decía que era como si fuese domingo. ¿Cuándo y cómo dejó de ser mi pequeño? ¿Por qué ya no las lentejas, por qué no estabas cuando llegué? Por qué, por qué... ¡Dios mío, por qué!...

Finalmente asentiste con la cabeza. El agente volvió a cubrir el rostro del muchacho, mientras intentaba explicarte las circunstancias del trágico y fatal accidente de moto. Tú seguías preguntándote cuándo y por qué dejaron de gustarle las lentejas.

2 comentarios:

Jesús dijo...

Seguro que dejó de echarle chorizo

Ainara dijo...

Terrible.... sin palabras, vaya. Por cierto, veo que te gustan los microrelatos, te tengo que recomendar algún libro, yo también escribía alguno que otro.
Un beso.