Originado en cada presente, poder sostenerse en algún ayer originante.
Crear cada día como un todo sin perder la vista de Okalakom, el Norte.

viernes, 7 de mayo de 2010

El día del examen

Es mi última oportunidad, lo sé y me he preparado concienzudamente para ello. Si se adosaran uno a uno cada uno de los esquemas o resúmenes que he elaborado en el último mes, se podría empapelar la suite nupcial más grande conocida, seguro.

Aún tan seguro, la misma mañana del examen me he venido temprano a la biblioteca. El sol iniciaba timidamente el desalojo de la noche y en la calle que conducía hasta la facultad observé las aceras recién regadas, limpias, desprendiendo un agradecido frescor y olor a humedad, siendo ya los primeros días del verano. Aroma de pan recién hecho llegaba de alguna calle adyacente, mientras apenas tres o cuatro personas más deambulaban mi misma senda dejando las primeras sombras alargadas de la mañana.

Lo he vuelto a repasar todo, de principio a fin y viceversa. Podría empezar en cualquier párrafo, incluso en determinado punto o coma y continuar de corrido hasta agotar el contenido de memoria. El reloj marca la hora. Recojo todo, me aseguro que llevo conmigo mi tarjeta de identificación para el examen. Creo que desde ayer he repetido este gesto cada hora.

Me encamino hacia el aula magna al otro lado del patio, frente justo a la biblioteca, mi hogar por cierto en los últimos quince o veinte días. Me acerco a la puerta aún cerrada, no somos muchos. Mejor, puedo buscar un sitio cómodo y bien aislado para mi examen. Vaya, empiezo a notar un aleteo creciente en mi estómago, respiro hondo... tranquilo, estás más que preparado para esto.

Oigo unas llaves, abren ya la puerta y en ese momento siento que despierto. Atolondrado, me incorporo y miro hacia la derecha. Es el carcelero, me trae la comida tal y como yo la detallé. Mi última comida, mi última voluntad... no volveré a soñar. Tranquilo, estás más que preparado para esto.