Originado en cada presente, poder sostenerse en algún ayer originante.
Crear cada día como un todo sin perder la vista de Okalakom, el Norte.

jueves, 22 de abril de 2010

Fragmentos



Vivir lo propio como si fuera algo ajeno, o permitir que lo ajeno se viva como si fuera algo propio, siempre es peligroso y muchas veces inconsciente. Y es condición humana, muy humana. Aplícate, no te coja desprevenido.



No puedo vivir sin ti, me digo y repito cuando creo que ya no puedo más, cuando siento el impulso de rendirme y tirar la toalla. No puedo vivir sin ti. Y entonces me tomo de la mano y vuelvo al camino.

Un deseo, inicialmente, lo tomo siempre como ajeno. Sometido al tamiz del análisis, puede ocurrir que lo asuma y entonces lo hago propio. O puede ocurrir que lo rechace y entonces, aún persistente, sigo considerándolo ajeno. Acepto así la contradicción de poder desear algo que no quiero. (Sobre el principio del placer y el principio de la realidad).

Amor y odio, dos caras de una misma moneda que difícilmente, aunque uno a veces lo deseara, va a caer de canto.



Ulises, el deseo es demasiadas veces un ogro con cara de niño hambriento que, si no te aplicas, te devorará.

Yo sé que tú sabes que yo no lo sé, y tú sabes que yo bien sé que tú tampoco. Preguntémosle a otro, y seremos ya tres  ignorantes.


Hay algo que no entiendo... ¿sólo algo, amigo? Le felicito, ¿cómo lo consigue?


Como decía mi abuela: ríete ahora todo lo que puedas, porque un día no podrás controlar los esfínteres y ya no será lo mismo. Pues eso.


Soy, o bien la vida de un sueño, o bien un vivo que sueña. Cómo saber si despierto de un sueño, o soy un sueño en que despierto.


Pensamiento vespertino: Quien tiende a sobrevalorar las emociones, suele terminar traicionando a su razón.

La vida debe ser eso que camina a mi lado mirándome fijamente susurrando un ven y tómame, estoy aquí, mientras yo ajeno, una y otra vez, intento crearla como si ella aún no fuera, en vez de abdicar de mi estulticia y darme al fin haciéndome un sitio sólido en ella.

Contempla toda emoción inicialmente como extraña. Toma tiempo para pensarla y mira si construye antes de hacerla propia. 

No es la soledad, no el tiempo que pasa sin huella. Es la persistencia del vacío y el quehacer sin crear, como huida, quienes forjan la angustia y el hastío.


Cada vida es tan sólo un instante de despiste de la nada.
¡Aprovéchalo!


De tanta y tanta prisa al caminar, no supiste de la brisa y el respiro al pasear.


Me pregunto por qué tantas veces es imposible lo posible. Supongo que es necesario amarlo como posible antes que denostarlo tildándolo de imposible.


Sé audaz y lucha por lo que amas. Lo consigas o no, sólo tu ilusión y esfuerzo te pertenecen, ellos son tu identidad y ganancia. 


Ante una misma acción, unos te halagarán y otros te insultarán. Ignóralos a todos, hablan de sí mismos en realidad. 


No corras, no actúes ni cedas bajo presión. Detente, sé tu sostén y abrigo. Nada temas más que tu propia, aún feliz, disolución. 


El humano es deseo inconsciente destinado a navegar la esclavitud de la contradicción, mas puede tocar puerto en la consciencia y realidad.




Poseen mismas letras, mas no igual significado, aunque el humano en su rutinario delirio se empeña en fundirlas para su mal: casual y causal.




En la vida todo nace de la casualidad o la coincidencia, pero nos empeñamos en otorgar cautivadoras categorías de trascendencia.




Donde unos te dicen egoísta, otros te dicen justo. Donde unos traidor, otros coherente. No te reflejes en ninguno, todo eso es ajeno a ti.




No es que porque parezca a veces asustado, otras dubitativo o en ocasiones tambaleante, yo esté perdido, sino que tú no te enteras de nada.