Originado en cada presente, poder sostenerse en algún ayer originante.
Crear cada día como un todo sin perder la vista de Okalakom, el Norte.

sábado, 18 de julio de 2009

Poetas españoles desde el exilio republicano

Algunos poetas, distintos lugares, ejemplos de tantos.
In memoriam.

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A Don Miguel Unamuno

Para María Zambrano


Nunca quisiste a España con amor tranquilo
sino rabiando, padeciendo;
amor a muerte, al borde, siempre al borde
de despeñarte... Forcejeo,
trágico jadear, rebañaduras
del corazón, blasfemias, rezos.
dulce panal, enardecida brama,
ardiente extenuación, brasa en los huesos...

Así quisiste a España hasta que loca de ti,
por ti, por ti, sangrando, ardiendo,
te mordió, loba, el corazón. Rodasteis
con largo aullido hasta el abismo negro.

Ángel Lázaro

Sangre de España. Elegía de un pueblo, La Habana, 1942.

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Muelle del reloj

A través de una niebla caporal de tabaco
miro el río de Francia,
moviendo escombros tristes, arrastrando ruinas
por el pesado verde ricino de sus aguas.

Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.

Quiero mojar la mano en tan espeso frío
y parar lo que pasa
por entre ciegas bocas de piedra, dividiendo
subterráneas corrientes de muertos y cloacas.

Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.

Miro una lenta piel de toro desollado,
sola, descuartizada,
sosteniendo cadáveres de voces conocidas,
sombra abajo, hacia el mar, hacia una mar sin barcas.

Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.

Desgraciada viajera fluvial que de mis ojos
desprendidos arrancas
eso de que sus cuencas desciende como río
cuando el llanto se olvida de rodar como lágrima.

Mis ventanas
ya no dan a los álamos y los ríos de España.


Rafael Alberti

Entre el clavel y la espada, París, 1941.

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Un español habla de su tierra

Las playas, parameras
Al rubio sol durmiendo,
Los oteros, las vegas
En paz, a solas, lejos;

Los castillos, ermitas,
Cortijos y conventos,
La vida con la historia,
Tan dulces al recuerdo,

Ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
De todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.

Una mano divina
Tu tierra alzó en mi cuerpo
Y allí la voz dispuso
Que hablase tu silencio.

Contigo solo estaba,
En ti sola creyendo;
Pensar tu nombre ahora
Envenena mis sueños.

Amargos son los días
De la vida, viviendo
Sólo una larga espera
A fuerza de recuerdos.

Un día, tú ya libre
De la mentira de ellos,
Me buscarás. Entonces
¿Qué ha de decir un muerto?

Luis Cernuda

Las nubes, Oxford, 1937-1940

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Es la tierra de nadie

No es el color turbio, ni perdida forma
ni luz difusa, débil, la que parte
la inmensidad del campo, su hermosura.

No es un otoño entre el calor y el frío,
no se ve ni se siente, no se sueña
la fatídica franja divisoria.

Pero allí está, como un reptil, inmóvil:
es la tierra de nadie, de mi España

Manuel Altolaguirre

Nube temporal, La Habana, 1939

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El llanto es nuestro

Españoles:
el llanto es nuestro
y la tragedia también,
como el agua y el trueno de las nubes.
Se ha muerto un pueblo
pero no se ha muerto el hombre.
Porque aún existe el llanto,
el hombre está aquí en pie,
en pie con su congoja al hombro,
con su congoja antigua, original y eterna,
con su tesoro infinito
para comprar el misterio del mundo,
el silencio de los dioses
y el reino de la luz.
Toda la luz de la tierra
la verá un día el hombre
por la ventana de una lágrima...
Españoles,
españoles del éxodo y del llanto:
levantad la cabeza
y no me miréis con ceño
porque yo no soy el que canta la destrucción
sino la esperanza.

León Felipe

Español del éxodo y del llanto, México, 1939