
Aún tiene la mente en su sitio, a pesar de su edad. Tenía 13 años cuando vivía en las "viviendas colectivas" del barrio de Ciudad Jardín, en Sevilla. Corría el año 1936.
En julio de aquel año se había producido la sublevación militar que, en colaboración con las fuerzas hitlerianas y mussolinianas (si no, jamás), habría de tomar España y someterla a una de las más crueles represiones sistemáticas jamás conocida en la historia (aunque nuestra historia oficial lo mantenga en penumbras).
Era en los días previos a la toma de Sevilla por las fuerzas fascistas, que su padre le había comentado, según cuenta él, que "si esa gente triunfa, nos espera una barbarie".
Sigue contando que su padre, tras la caída de Sevilla, hubo de refugiarse en casa de una tía suya, porque era "comunista y estaba siempre del lado de los trabajadores", y constaba en la lista de delatados. Pero, pasados pocos días, una madrugada, volvió a su casa, pues ponía en peligro a esos familiares que lo ocultaban... ¡Mala suerte!, un vecino lo vio y lo denunció de inmediato.
Fue esa misma noche que un escuadrón de falangistas entraron en su domicilio, apresaron a su padre, delante de él, madre y hermanos pequeños, y se lo llevaron.
La madre lo buscó, comisarías y penales, registros... nada de nada en dias posteriores. Un buen día, un amigo de la familia se lo comunicó: deja de buscar, lo han fusilado, en el cementerio.
Sí, es uno de los numerosos cadáveres que alberga la fosa común del cementerio de Sevilla, y él, su hijo, un testigo vivo de un episodio más de todo un genocidio con claros tintes de exterminio ideológico y de clase social.
Estuvo esta mañana, charlando con algunos profesores y alumnos nuestros en nuestro instituto de enseñanza secundaria.
También, una representante del foro por la memoria y justicia históricas participó. Nos leyó copias de algunas cartas de presos, antes de ser asesinados, a sus familias. Reproduzco aquí algunos párrafos entresacados de dos cartas (de las que facilitó copias) de un mismo reo de muerte, el último escrito justo la noche antes de su fusilamiento:
"Cuando volví a Andalucía, después de tres años de guerra, no traía en mi ánimo otra cosa que, después de un tiempo preso, volver al lado de vosotras para terminar mi vida a vuestro lado, y ayudar a esas pobres criaturas a ser mujeres, y a que tomaran la educación más esmerada posible según mis fuerzas... Vosotras no amilanarse, que la historia nos juzgará a todos y pondrá de manifiesto la honra de cada uno..."
"No cometí robo ni crimen alguno. El único delito del que pueden acusarme es haber estado en la zona republicana defendiendo al Gobierno legalmente constituido ..."
"Te advierto querida [...] , que le digas a mis hijas que los que se enriquecieron con mi sangre y mi sudor, son mis mayores enemigos y los culpables de mi muerte..."
"Haz el favor de que si mis hijas, alguna sale con ideas extremistas, no las coartes, que cada una tenga la idea que quiera, que es la única libertad que se puede tener por riqueza. Y ustedes mis queridas hijas: Honrar el nombre de su padre, que muere por defender la honra de un pueblo libre..."
"No os apenéis por mi vida, no tiene importancia, porque entre tantas es una más, y mas vale ser viuda de un idealista a mujer de un cobarde que hipoteca su dignidad por un pedazo de pan... "
"Así mi querida esposa e hija, la vida no es más que una, y sin ilusión no vale la pena vivirla. Ustedes ser buenas y honradas, y no olvidar todo lo que les digo..."
"Todo esto también para mis padres y hermanos que como no podía escribirles, porque me encuentro en capilla y no tengo más papel [...]. Sin más, besos y abrazos para toda la familia, y tú y las niñas lo recibís..."
El turno de preguntas, que se abría a continuación, se cerró en vacío. Los alumnos, y nosotros, los profesores presentes, quedamos en silencio, embargados por la emoción y el mayor de los respetos. No era para menos.
Honor y gloria a nuestros muertos por la República y la Libertad.
15 de abril de 2009, en el 78 aniversario de la proclamación de la II República Española.
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