Originado en cada presente, poder sostenerse en algún ayer originante.
Crear cada día como un todo sin perder la vista de Okalakom, el Norte.

viernes, 9 de enero de 2009

Dios y las vacunas



Me respondías esta mañana, ante mi observación de evitarte futuras gripes, siendo como es tu profesión de alto riesgo, que tú no crees en las vacunas, y que igual que yo no creo en Dios, y es respetable, igualmente lo es tu falta de fe en las vacunas.

Permíteme hacerte ciertas observaciones:

No se trata de creer o no creer en un dios, sino que en un dios sólo se puede creer, pues no existe ningún indicador empírico que abogue por la afirmación racional de su existencia como ente real y concreto.

Así, queda relegado al mundo de la creencia y, por ende, al elenco de conceptos abstractos (ideaciones, sentimientos figurados...). También se puede creer en el trébol de cuatro hojas o cinco, el unicornio azul, las sirenas y el fantasma de La Ópera, o que hay vacas que vuelan.
Si no se demuestra su existencia como concreción perteneciente a la realidad, tal y como pretenden las religiones, dios no existe.

Distinto es que la efectividad de las vacunas sea objeto de fe y, por tanto, su validez en la realidad esté sujeta al mundo de la opinión subjetiva.

Podrás ser libre de vacunarte o no, frente a la gripe u otras enfermedades infecto - contagiosas, pero nunca podrás aducir como motivo fundamentado tu falta de fe en la efectividad y beneficio individual como comunitario de las vacunas, eso no.

Cónstete además que, mientras ciertas vacunas presentan un efecto protector mayormente individual, la mayoría son un asunto de salud pública demostrada por la evidencia.
Cuando tú te inmunizas, te impides ser fuente de contagio si te infectas, con lo que contribuyes a la promoción de la salud de todos.

Es así, que la prevalencia de enfermedades como el sarampión, la difteria, el tétanos, la poliomielitis, rubeola, hepatitis A y B, pronto meningitis infantil y varicela..., ha disminuido y sigue de forma clara y contundente desde el comienzo de las vacunaciones sitemáticas, ahorrando, entre otras cosas sufrimiento y muerte prematura en nuestras sociedades, cuando el nivel de atención sanitaria es aceptable.
Qué decir de enfermedades como la viruela, actualmente erradicada por la vacunación sistemática de la población durante años.

Los "no creyentes en las vacunas" (sic) que no asumen la vacunación sistemática en ellos o en sus hijos, no sólo actúan para su propia salud, sino que cometen atentado contra la salud pública, pues ponen en peligro de retroceso e incremento de incidencia, a enfermedades actualmente, por la vacunación, controladas en cuanto a su frecuencia de presentación.

No siendo la vacuna gripal de orden sistemático, el incremento de individuos vacunados ha sido correlativo al descenso de agravamiento por complicaciones derivadas de la gripe en grupos de riesgo como cardiópatas, insuficiencia respiratoria crónica, enfermos renales, inmunodeprimidos, ancianos..., por lo que empieza a recomendarse su uso universal salvo, como en todas las vacunas, su contraindicación.

Creencia es creencia y ciencia es ciencia.

Un saludo afectuoso.