Originado en cada presente, poder sostenerse en algún ayer originante.
Crear cada día como un todo sin perder la vista de Okalakom, el Norte.

jueves, 8 de enero de 2009

Derecho a disentir en tiempos neoliberales


El otro día recibía una introducción a un libro, donde con aires de liberalismo endiosado y triunfante, ironizábase sobre cualquier ideología socializante de las poblaciones humanas: sus individuos y propiedades, insultando a los movimientos que trabajan bajo principios sociales con el lema de "otro mundo es posible", y bajo el axioma de que esto de vivir es un juego con la inherente incertidumbre y riesgo de ganar o perder que ello conlleva en un exquisito respeto a la libertad como derecho natural intocable.


Nada nuevo que uno no haya ya leído antes en los Locke o Constant de turno, así como otros sacerdotes del sacro altar del individualismo y del Estado como mero ente asegurador de las libérrimas (¿legítimas?) propiedades y riquezas.

Probablemente no lo escribía un excluido social, ni un pobre, ni un refugiado o un enfermo sin acceso a una óptima atención sanitaria. Tampoco un asalariado cuya mensualidad es la primera en caer cuando toca "moderación", o quien para poder tener una vivienda debe hipotecar un porcentaje nada despreciable de sus ingresos por trabajo a cuenta ajena (lo cual, esto es real, es cada vez más una gran incertidumbre), etcétera.

No me extenderé mucho más: lo cierto es que ya hace mucho tiempo que distingo entre "libertad natural" y "libertad civil", para mí importante si es que se desea vivir (convivir) en sociedad y no en selvática situación. Lean El Contrato Social (Rousseau) y entenderán lo que quiero decir, pues se explaya con el asunto.

Así que sigamos arrimando el hombro hacia una mayor y mejor conciencia social:

Las 10 peores transnacionales de 2008



Salud y República.